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La salvación de las almas es el interés más elevado

Las obligaciones del maestro son pesadas y santas, pero ninguna parte de la obra es más importante que la de cuidar a los Jóvenes con tierna y amante solicitud, para que puedan sentir que tenemos amigos en ellos. Una vez que ganamos su confianza, podemos conducirlos, gobernarlos y prepararlos fácilmente. Los santos motivos de nuestros principios cristianos deben ser introducidos en nuestra vida. La salvación de nuestros alumnos es el más elevado interés confiado al maestro temeroso de Dios. El es un obrero de Cristo, y su especial y determinado esfuerzo debe ser salvar las almas de la perdición y ganarlas para Cristo Jesús. Dios requerirá esto de las manos de los maestros. Cada uno debe llevar una vida de piedad, y pureza, y efectuar un esfuerzo incansable en el desempeño de todo deber. Si el corazón brilla con el amor de Dios, habrá un afecto puro que es esencial, las oraciones serán fervientes, y se darán fieles amonestaciones. Descuídense estas cosas y las almas que están a vuestro cuidado serán colocadas en peligro. Es mejor invertir menos tiempo en dar largos discursos o en el estudio absorbente y atender estos deberes descuidados. Se necesitan maestros que descubran rápidamente y aprovechen toda oportunidad para hacer el bien; que combinen con el entusiasmo la verdadera dignidad; que sean capaces de dominar, "aptos para enseñar;" que puedan inspirar el pensamiento, despertar la energía e impartir valor y vida.

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  • Educación Adventista
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La sencillez y la simpatía ¡Cuán importantes son las lecciones que se pueden dar a los niños y jóvenes, exponiéndolos las Escrituras con la sencillez de Cristo! Deje en casa el maestro todas las palabras difíciles y altisonantes, y utilice solamente las palabras más sencillas, que serán comprendidas con facilidad por la mente de los niños. Pero para ser maestro de éxito, no sólo deben ser sencillos vuestros métodos de enseñanza, sino que debéis manifestar simpatía y amor en la escuela sabática.
 
Los niños reconocerán este elemento y recibirán su influencia. Los hombres y mujeres sólo son niños adultos. ¿Acaso no correspondemos nosotros a las palabras y miradas de simpatía y amor genuinos? Jesús, el divino Maestro, les aseguró a sus discípulos su amor hacia ellos. Tomó sobre sí la naturaleza humana sin otro propósito que el de manifestar a los hombres la misericordia, el amor y la bondad de Dios al hacer provisión para la salvación y felicidad de sus criaturas.
 

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"Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas." Juan 10: 11. "